4dm1n julio 13, 2019
Apolo 11: la más asombrosa transmisión de televisión en vivo de la historia

La fascinante cobertura televisiva del aterrizaje del Apolo 11 en la Luna hace 50 años trajo imágenes e ideas que hasta entonces eran impensables a los hogares de millones de personas, provocando un profundo impacto en la cultura pop y la psique estadounidense.

Cuando la nave espacial Águila aterrizó en la superficie de la Luna el 20 de julio de 1969, una cámara de televisión montada en su costado capturó los primeros pasos y las palabras del astronauta Neil Armstrong y los envió a través de cientos de miles de kilómetros a cientos de millones de personas pegadas a los televisores.

Walter Cronkite, presentador de la cobertura de la misión Apolo 11 de la cadena estadounidense CBS, se quedó sin palabras en un primer momento. Después, pudo exclamar: «¡El hombre en la Luna!… ¡Oh, chico!… ¡Wow, chico!»

Más tarde recordó que esperaba decir algo más profundo, pero las palabras que le salieron fueron «todo lo que pude decir».

Sin embargo, la calidad general y el tono erudito de la cobertura de Cronkite durante todo el día, como parte de un esfuerzo mediático sumamente dedicado, tuvieron una gran influencia en las percepciones de la misión.

En el período previo a la cobertura de CBS, Robert Wussler, productor de Cronkite, le dijo a la revista Variety que sería «la mayor emisión del mundo» en la historia de la televisión.

Campaña de relaciones públicas
De hecho, la cobertura representó la culminación de lo que fue una enorme campaña de relaciones públicas que se remonta a la creación de la NASA, en 1958, y que fue sostenida por publicistas de la agencia espacial y políticos por igual, con el fin de crear conciencia sobre la misión Apolo por una variedad de razones de interés propio.

Cronkite, quien gracias a su noticiero era conocido como «el hombre más confiable de Estados Unidos», estuvoal aire durante 27 de las 30 horas que le tomó a la tripulación del Apolo 11 completar su misión.

«Cronkite fue más poético que nunca», recuerda Edward Sills, quien era un adolescente cuando vio el aterrizaje desde su sala de estar en Long Beach, Nueva York. «Fue un evento increíble para un niño de 13 años, pero Cronkite también lo vio con ojos jóvenes».

La magnitud del evento también la compartió el abuelo de Sills, quien estaba viéndolo a su lado.

«Nació en octubre de 1893, por lo que creció con caminos con caballos y carruajes, y estaba absolutamente encantado de ver cómo se hacía historia», dice Sills. «La aceleración de la tecnología parecía increíble, y (Cronkite) explicó lo increíble que era».

Cronkite había seguido previamente el programa de cohetes de Estados Unidos cuando estaba bajo auspicio de la Fuerza Aérea estadounidense, que generalmente era hostil hacia el presentador y la CBS durante las pruebas de lanzamiento y las visitas a las instalaciones durante los años 50.

«En esos primeros días, teníamos que cubrir el programa espacial desde fuera de la base y la Fuerza Aérea no nos daba ninguna información con anticipación», recordó Cronkite en el libro de 2010 Conversaciones con Cronkite, en el que Don Carleton, director ejecutivo del Dolph Briscoe Center for American History, que alberga los archivos de Cronkite, entrevistó al presentador sobre su extraordinaria vida y su carrera.

«(Pero) todos sabíamos cuando una misión estaba a punto de despegar, porque estábamos en el motel y estos tipos salían y luego las luces se encendían (alrededor de la plataforma de lanzamiento), y sabíamos que algo iba a suceder».

Sin embargo, después de la creación de la NASA, el gobierno se dio cuenta de que era una buena idea hacer que el público apoyara este nuevo y enorme gasto.

Esto fue el maná caído del cielo para los medios, que llegó a lo más alto en 1961, cuando el presidente John F. Kennedy prometió enviar a un hombre a la Luna a finales de esa década.

«La NASA hizo un excelente trabajo de marketing de la misión Apolo, alimentando a los reporteros en lugar de mantener todo bajo control», dice Tracy Dahlby, de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Texas, en Austin.

«Fue la historia optimista que podían contar en un momento en que las noticias sobre la Guerra de Vietnam y nuestra turbulenta política dominaba el espectro mediático».

En el momento de la misión Apolo 11, la televisión estaba fuertemente comprometida con el programa espacial. También se empezó a mejorar en términos de producción, señala Ben Wright, del Briscoe Center.

«Para entonces, los estudios habían perfeccionado sus habilidades», dice Wright. «Si bien no existía la tecnología como la de las pantallas divididas, lo que se veía no era tan diferente del tipo informandoque se ve hoy en día, con los presentadores dando paso a los reporteros en el terreno».

La planificación de CBS News era compleja, costosa y de gran alcance, e involucraba múltiples ubicaciones desde tres continentes. Los informes internos de la CBS de la época describen el alcance de la cobertura y el significado de la misión Apolo 11.

«(La Luna es el) primer paso en el intento del hombre por poner en perspectiva los propios comienzos de la Tierra y nuestra relación con otros mundos, y otros elementos, y otra vida», acota, líricamente, uno de esos informes.

«Este vuelo de Apolo pasará a la historia junto con los eventos de los ​​miles de años pasados que los poetas, los historiadores y aquellos cuya curiosidad, impulso y determinación harían memorables porque los llevaría a encontrar un continente, conquistar un océano o explorar una región polar o montaña».

No era solo la imaginación de los que estaban en la televisión la que estaba entusiasmada con la audaz apuesta.

«¿No sería maravilloso si la llegada a la Luna pudiera usarse para hacer que más estadounidenses se enorgullecieran de vivir en la nación más grande del mundo?», escribió Bob Eckart, un agente de seguros, en una carta a Walter Cronkite fechada el 15 de mayo, antes de describir la «fiesta de la Luna», que él y sus amigos planeaban celebrar, repleta de «galletas de polvo lunar», «sopa de cráter» y «licor de Luna».

La CBS, junto con las otras dos cadenas del país, NBC y ABC, gastaron juntas US$13 millones en programación, cerca de lo que habían gastado en noviembre anterior para la cobertura de las elecciones presidenciales de 1968.

Su trabajo lo facilitaba la forma en que la NASA, con un ojo puesto en la historia y otro en su presupuesto futuro, trabajó incansablemente para hacer que los materiales audiovisuales del aterrizaje lunar, fotografías y actualizaciones impresas estuvieran disponibles para las cadenas de televisión lo más cerca posible del tiempo real, así como para las estaciones de radio y periódicos.

Los efectos de estos esfuerzos en el 94% de los estadounidenses con televisor que sintonizaron el aterrizaje fueron palpables.

«Sin la televisión, la llegada a la Luna hubiera sido un logro simplemente impresionante -un truco costoso para los cínicos-«, comentó el neoyorquino Joshua Rothman. «En cambio, visto en vivo, sin editar y por todas partes, se convirtió en una experiencia genuina de intimidad global».

El contexto
Wright señala que parte de la magia provino de una cobertura que, por una vez, traía buenas noticias en medio de la turbulencia de los años 60 en Estados Unidos.

Admás de las protestas por la guerra de Vietnam, incluyó asesinatos de líderes de los derechos civiles y políticos, disturbios en innumerables ciudades estadounidenses y una convención nacional demócrata que descendió a la anarquía.

Otra parte de la atracción, dice John Craft, profesor de la Escuela de Periodismo Walter Cronkite de la Universidad Estatal de Arizona, fue que la misión se produjo después de que los rusos lograran poner el satélite Sputnik en órbita.

«Los estadounidenses vimos un desafío para nuestro liderazgo en el mundo», dice Craft. «Así que llevar a un hombre a la Luna fue como si estuviéramos nuevamente en la partida».

Sin embargo, esta inspiradora demostración de la destreza estadounidense podría convertirse en tragedia en solo un instante… y los espectadores lo sabían.

«La cobertura te llevaba a la sala de control de Houston, donde había filas de tipos que sudaban preguntándose básicamente si saldría bien y si podrían sacar a los astronautas de la Luna», dice Craft.

«Los espectadores sentían las mismas cosas que ellos: se podría escribir como ficción, pero verlo en tiempo real y no saber qué pasaría lo hacía increíblemente dramático».

Craft señala que, posiblemente, nunca ha habido un evento mediático desde entonces que coincida con una vista tan cautivadora.

«Al verlo en la televisión en Ohio, podía ir a la ventana y mirar hacia afuera y ver la Luna, justo cuando la televisión mostraba a un hombre poniéndole un pie en ella», dice Craft. «Eso va a ser difícil de igualar».

Las controversias
Cronkite describió el aterrizaje como el momento Cristóbal Colón del siglo XX, insinuando que el monumental logro también contenía controversias.

Los historiadores discuten sobre el significado de las misiones Apolo de la NASA. En comparación con la penicilina o el microchip, aterrizar en la Luna puede parecer un logro frívolo.

Políticamente, el mundo continuó como estaba, pese a que algunos comentaristas esperaban que la llegada a la Luna abriera una puerta a la paz a través de la inspiración y la innovación.

La misión del Apolo 11 también fue una experiencia extremadamente blanca, dice Wright, «con muchos hombres en traje hablando de hombres con trajes espaciales». Las mujeres o los negros apenas aparecieron, e incluso los trajes espaciales no podrían haber sido más blancos, incide.

Según el reporte de 2009 del Servicio de Investigación del Congreso, también fue tremendamente caro, con un costo de US$19.400 millones, un estimado de US$116.500 millones a las tasas actuales.

Los críticos de la época, incluido figuras de los movimientos en contra de la guerra y de defensa de los derechos civiles, consideraron que un hombre en la Luna no era de mucha utilidad para los niños pobres en las ciudades marginadas de Estados Unidos (hoy se argumenta que la investigación científica del programa espacial se extiende a innumerables desarrollos que continúan repercutiendo en la vida cotidiana).

«Es fácil olvidarse al mirar los eventos en el espejo retrovisor de que el público estadounidense estaba preocupado por el dinero que se gastaba en llevar a un hombre a la Luna cuando teníamos todos estos problemas en la Tierra», dice Dahlby.

«El periodismo puede ser un instrumento contundente, pero creo que los medios de comunicación de hoy, en su mejor momento, aplicarían un mayor escrutinio a todos los aspectos de una gran historia como el aterrizaje lunar y eso es algo bueno».

A raíz de la misión, la NASA trabajó arduamente para promover sus actividades y consolidar su legado, pero durante la década de los 70, tanto el público como los medios comenzaron a cuestionar los costos asociados a la exploración espacial.

Sin embargo, el impacto cultural de la llegada a la Luna fue, sin lugar a dudas, profundo. El «lado oscuro de la Luna», «Águila ha aterrizado» y «Un pequeño paso para el hombre», se quedaron en el léxico estadounidense.

Mientras tanto, la fascinación por el espacio exterior no se marchitó.

Los años 70 fueron testigo de una explosión de interés en la ciencia ficción, que influyó en estrellas del rock como Pink Floyd y David Bowie y cineastas como George Lucas, quien dirigió el clásico de la ciencia ficción de 1977 «Star Wars», y Ridley Scott, quien lanzó la película de terror de ciencia ficción «Alien» en 1979.

En última instancia, esas imágenes de la Luna capturadas y transmitidas hace 50 años continúan trascendiendo cualquier debate sobre el análisis del costo-beneficio del hito.

«Los desarrollos tecnológicos y científicos de nuestro propio siglo nos dejan helados», recordó Cronkite en Conversations with Cronkite.

«Y, sin embargo, creo que el único incidente, el único episodio que se recordará, es cuando el hombre escapó de su entorno en la Tierra».

Posteriormente, de vuelta al nivel terrestre de los medios estadounidenses, el surgimiento de nuevas cadenas y el aumento de la competencia produjo un cambio inexorable: el hacer dinero sustituyó la tradición de brindar un servicio público.

«Hoy hay mucha competencia, la mayoría de los medios de comunicación son un negocio. Necesitas ganar dinero y ser responsable ante tus accionistas», dice Craft. «La gente olvida que debería haber alguna preocupación pública alrededor de eso».

FUENTE: BBC